Cuando imaginaba mi primer campamento de triatlón en España, veía ante mis ojos serpenteantes carreteras de montaña calentadas por el sol, el bronceado ciclista y vistas que tantas veces había admirado en Instagram. Pero esta vez la realidad decidió añadir un poco de “dramatismo” a esta visión: España nos recibió… con lluvia. A veces solo una llovizna suave, otras veces un aguacero intenso que nos obligó a parar en una cafetería local y abrazar una taza caliente de té. ¿Me arrepiento? ¡Todo lo contrario! Fue una de las mejores salidas de mi vida. ¿Qué logré ver, qué rutas conquistar y qué experiencias vivir? Disfruta mis historias ciclistas, pero ojo: ¡vas a necesitar un pršiplášť!
Calentamiento “buenos días” – Pego
¡La primera salida sobre asfalto español siempre tiene un sabor especial! Tras recoger las bicicletas y debatir apasionadamente “¿qué ponerse?”, a la mañana siguiente salimos rumbo a la ciudad de Pego. La ruta era bastante tranquila, el asfalto perfecto y en el camino pasamos por huertos de naranjos y montañas cubiertas de niebla que parecían no haber tomado aún su café matutino.
En Pego encontramos una cafetería abierta (una de las pocas). Nos sentamos a la mesa con las badanas de los culottes mojadas, pero felices porque pedimos bon bon y una tarta de manzana caliente. Tras una breve pausa, continuamos de regreso al hotel y en el camino el sol asomó por un momento. Nos recordó que incluso en los momentos difíciles aparecen instantes de alegría.
Terminamos el día también con un entrenamiento de carrera en el paseo marítimo.

Castell de Castells – aventura (literalmente) bajo las nubes
El segundo día nos esperaba una aventura mayor que solo una colina fácil para tomar café – Castell de Castells. Con cada kilómetro el paisaje era más agreste y hermoso, y la ruta encantaba con descensos largos. Lamentablemente, el clima tenía otros planes y al acercarnos al destino, el cielo nos mostró su verdadera cara.
Paramos en una cafetería de carretera, donde nos esperaba tarta de queso con cobertura de fresa, bon bon y té de manzanilla: una combinación para salvar la moral. Poco después llegó otro grupo que descendió de las montañas bajo el aguacero. Mi grupo decidió regresar al hotel. De camino de vuelta me reía para mis adentros, porque aun así era “hermoso”, aunque no quedaba ni un hilo seco en nosotros. Aunque tenía agua en los zapatos, agradecí haberme puesto (como casi siempre) návleky na tretry: los pies no se me congelaron y no sentí tanto disconfort.

Otro grupo ese día fue a Val d’Ebo. Por lo que me contaron, es una ruta hermosa y pintoresca con largas subidas, pero las vistas quedaron cubiertas por una densa niebla. Aun así, llegaron a la meta.
Recuperación en Xàbia
Tras dos días lluviosos, llegó el momento de una salida más tranquila. Nos dirigimos a Xàbia, un pueblo que me cautivó por completo. El descenso a la ciudad fue pura alegría y en cada curva aparecían las primeras casitas.
Seguimos por la costa, observando el mar embravecido. Al final nos esperaba una pequeña cafetería con deliciosos dulces y café. Pero para llegar allí, tuvimos que superar una de las subidas más empinadas del campamento. Para mí, probablemente la experiencia más dura de toda la salida. Pero la segunda vez ya sabía que podía lograrlo, y eso fue muy motivador.
Ese día también tuvimos entrenamiento de natación, que casi no se realizó debido a… alerta roja por lluvias intensas e inundaciones en España. Finalmente, logramos ir a otra piscina fuera de la ciudad, que por suerte estaba abierta.

Coll de Rates – reino de la niebla
Llegó el día que más esperaba, pero que también me daba un poco de miedo: Coll de Rates. El clima nos asustó desde el inicio del campamento, pero no nos rendimos. Tras escuchar las historias de quienes ya habían subido este puerto, esperaba lo peor, así que marqué mi propio ritmo, sin pulsaciones altas. Para mi sorpresa, me esperaba una subida larga, uniforme y tranquila: técnicamente asequible, pero esas vistas… cada minuto era más mágico. La niebla cubría suavemente la carretera, reduciendo la visibilidad. Solo estábamos yo, la bicicleta y mi respiración.
Esperaba un momento de duda, pero… ¡lo logré! Subí hasta la cima, incluso un poco más allá para marcar el segmento en Strava. Sin embargo, arriba no me esperaba la vista que todos conocen, solo un manto blanco extendido sobre las cumbres. Había algo especial en ello.
Sabía que mi cabeza estaba lista para los descensos y tenía muchas ganas de ellos. Pero al bajar de la cima, de repente la niebla se convirtió en aguacero. A pesar de las condiciones, todos llegamos sanos y salvos a la cafetería Blanca Bikes. Comimos tarta de cereza, que recordaré toda la vida. No faltaron los souvenirs locales: en mi caso, una camiseta y café Coll de Rates. ¡Este set volvió conmigo hasta Polonia!

Toque triatlón – subidas al faro Cap de Sant Antoni
Al día siguiente nos esperaba la parte favorita de los triatletas: entrenamiento “brick”. Esta vez consistió en varias subidas al Cap de Sant Antoni y luego correr por el paseo marítimo. Cada subida duraba largos minutos, pero esas vistas… ¡pura película! Valió totalmente la pena sufrir esa parte del entrenamiento para luego sentarse en el muro junto a la playa y escuchar el sonido del mar. Tras entrenar, nos recibió un hermoso sol y un cielo despejado. ¡Por fin pudimos broncearnos!
Después del entrenamiento base y un breve descanso, fuimos a la piscina. Esta vez fue más duro: el cuerpo ya sentía el volumen y la intensidad de los entrenamientos.

Granadella – final del campamento sobre una pintoresca cala
¡Gran final! El último día teníamos un objetivo claro: Granadella. Aunque el clima no acompañó, la cala parecía sacada de un cuento. Una pequeña playa, acantilados rocosos, el sonido del viento y la tranquilidad… Cuando nos saciamos de la vista, nos esperaba una subida serpenteante entre la vegetación. Ese día no podía creer que ya era el final del campamento. Que lo habíamos logrado todo justo en esas condiciones.

Resumen – España bajo la lluvia también es hermosa
Este campamento me enseñó que no hacen falta condiciones ideales para crear recuerdos mágicos. A veces son esas mañanas lluviosas, los culottes empapados y la niebla en la cima lo que permanece más tiempo en nosotros que el sol abrasador.
El bon bon después de 80 km bajo la lluvia realmente sabe mejor. Y una ducha con calefacción tras un día así es puro lujo. Si te preguntas si vale la pena ir a un campamento en España en primavera, ¡definitivamente ve! En el 99 % de los casos el clima será bueno, y si te toca ese 1 %, las rutas, el ambiente y la energía te durarán toda la temporada.
Si necesitas más consejos prácticos sobre cómo hacer la maleta para el campamento, mira mi artículo “Čo si zbaliť na cyklistický kemp do Španielska” y luego empieza a crear tus propios sueños e historias. ¡Si yo pude, tú también puedes! ¡Durante la semana entrené un volumen récord: 20 horas!
PD: ¡Gracias a mi entrenador @coach.bizon, quien organizó nuestro campamento y no se dejó desanimar por la lluvia! Si tuviera que decidir de nuevo, ¡compro el billete a España sin dudarlo!